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¿Cómo fue que las activistas colombianas lograron despenalizar el aborto? Organización colectiva e internacional

BOGOTÁ — Décadas de organización de base, con reuniones en las casas y en las calles, en línea y cruzando fronteras, han generado un cambio trascendental en lo que respecta al aborto en América Latina, una región conservadora por tradición donde el acceso al procedimiento ha estado muy limitado durante mucho tiempo.

En poco más de un año, Colombia se unió a países como México y Argentina para derribar las trabas y limitaciones del aborto. Esto resulta aún más sorprendente si se compara con el cambio que se está produciendo en Estados Unidos, donde el precedente sentado por la Corte Suprema que garantiza el derecho al aborto, conocido como el caso Roe contra Wade, fue una gran inspiración para muchas activistas de América Latina.

A medida que Estados Unidos se enfrenta a crecientes restricciones sobre el aborto, las activistas feministas de Latinoamérica se apoyan cada vez más unas en otras para diseñar la estrategia jurídica, las tácticas de organización y la inspiración, señalando que sus homólogas del norte podrían tener algo que aprender de ellas.

“Ahora es una inspiración del sur al norte”, dijo Catalina Martínez Coral, de 37 años, abogada colombiana y parte de Causa Justa, la coalición de grupos por el derecho al aborto que presentó el caso que el tribunal colombiano analizó hace poco. “Nosotras vamos a inspirar a las personas en Estados Unidos a seguir avanzando los estándares de Roe contra Wade”.

Cuando las defensoras del derecho al aborto en Colombia se prepararon para presentar su caso ante el máximo tribunal del país este año, se inspiraron en las tácticas de sus vecinas: aprendieron de las abogadas de México, adoptaron un espectáculo de canto y baile similar al de Chile y agitaron los pañuelos verdes que surgieron por primera vez como símbolo del movimiento en Argentina.

Y cuando el máximo tribunal falló a su favor el lunes, derogando en gran medida una decisión que convertía al aborto en un delito, se reunieron afuera del tribunal para celebrar y agradecer a quienes les habían ayudado a conseguir ese logro: sus compañeras de toda América Latina.

El aborto aún tiene muchos opositores en la región, incluido el presidente colombiano, Iván Duque, un conservador que condenó la decisión el martes.

“Me preocupa que esta práctica de aborto, que es contraria a la vida, se convierta en una práctica cotidiana”, dijo a los medios locales poco después de asumir la presidencia. “Y, en un país machista, que se pueda recurrir a este mecanismo, que se vuelva para muchos un método anticonceptivo para no usar el condón”, continuó.

Una marcha en Guadalajara, México, que fue parte de una protesta nacional contra la despenalización del aborto en octubre.Credit…Ulises Ruiz/Agence France-Presse — Getty Images

Pero las activistas colombianas insistieron esta semana en que las tácticas que usaron para cabildear por la despenalización del aborto ahora serían utilizadas por activistas en toda la región y muchos otros lugares.

“Nos está viendo todo el mundo”, dijo Natalia Goyeneche, de 31 años, una de las muchas mujeres que el lunes se reunieron en la corte cuando se anunció el fallo.

En Colombia, la reivindicación del derecho al aborto por parte de las activistas feministas se generalizó en los últimos dos años, al igual que sus homólogas en los países vecinos.

Sin embargo, los orígenes del movimiento datan de hace décadas: se remontan al menos a 1973, cuando un ginecólogo colombiano aceptó una invitación para visitar Estados Unidos en el momento en el que la Corte Suprema emitió su fallo en el caso Roe contra Wade.

Durante años, Jorge Villarreal Mejía, el ginecólogo en cuestión, se había sentido horrorizado por la cantidad de mujeres que vio enfermarse y morir en hospitales colombianos debido a abortos clandestinos mal practicados. En Estados Unidos, visitó algunas de las primeras clínicas de aborto legal en el país. Y regresó a Colombia convencido de que tenía que implementarlas.

Era 1977 cuando fundó Oriéntame, una clínica de salud reproductiva en Bogotá, la capital colombiana. En muchos sentidos, esa organización contribuyó a allanar el camino para la decisión de esta semana.

A pesar de una ley que penalizaba el aborto, Oriéntame empezó a ayudar de manera abierta a cientos de miles de mujeres colombianas que ya habían iniciado el proceso de interrupción del embarazo y les explicaba a las autoridades que estaba asesorando a mujeres que habían acudido a la clínica después de someterse a un aborto fallido o incompleto.

A lo largo de los años, Oriéntame fue objeto de frecuentes ataques por parte de las autoridades, que acusaban a la institución de infringir la ley, mientras que grupos de vándalos escribían “asesinos” en la fachada. Las tensiones aumentaron en 1994, cuando la policía derribó las puertas de la clínica, ingresó a punta de pistola y se llevó los expedientes de las pacientes, con la finalidad de iniciar un proceso judicial que duró una década y que podría haber llevado a Villarreal a la cárcel.

Fue entonces cuando Cristina Villarreal —la hija de Villareal, quien asumió la dirección de la clínica— decidió que necesitaban hacer más que proveer asistencia médica y comenzó a unirse con las activistas feministas que trabajaban para cambiar las condiciones jurídicas en las que trabajaban.

“No tiene sentido que sigamos como en dos vertientes distintas”, recuerda que le dijo a las activistas y los médicos. “Ya es el momento”.

Poco tiempo después, Cristina Villarreal y otras activistas conformaron La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, una coalición cuyo principal objetivo era eliminar la ley que penaliza el aborto.

Para Colombia, dijo: “Era totalmente radical y revolucionario”.

Pero incorporar el tema en la agenda pública era difícil y no solo porque la poderosa Iglesia católica y la mayoría de la gente se oponían al procedimiento.

Manifestantes contra el aborto oraban frente a la Corte Constitucional de Colombia, el lunes.Credit…Nathalia Angarita para The New York Times

“Es un país, como tú sabes, atravesado por el conflicto y la guerra”, dijo Ana Cristina González Vélez, de 53 años, cofundadora de la organización. Y agregó: “Eso hizo que durante muchos años la preocupación por el fin del conflicto ocupara las agendas de los grupos de mujeres”.

Impulsar la legalización del aborto en el Congreso de Colombia parecía un callejón sin salida. Más de media decena de intentos habían fracasado cuando, para 2004, una abogada colombiana llamada Mónica Roa se acercó a la coalición y propuso una nueva táctica.

Roa acababa de regresar de Estados Unidos, donde trabajaba para un grupo de defensoría jurídica llamado Centro de Derechos Reproductivos. Acudiría a la Corte Constitucional del país —conocida por ser más liberal que el Congreso— y argumentaría que la ley que penalizaba el aborto violaba los derechos de las mujeres a la vida, la salud y la autonomía reproductiva.

En 2006, consiguió una importante victoria para el movimiento cuando el tribunal dictaminó que el país debía permitir el aborto cuando la salud de la mujer estuviera en peligro, cuando el feto tuviera problemas graves de salud o cuando el embarazo fuera consecuencia de una violación.

En otros países latinoamericanos se habían tomado decisiones legales similares, pero las políticas y la opinión pública eran tan fuertes contra del procedimiento que, en la práctica, pocas mujeres podían obtener abortos legales. Sin embargo, tras el fallo de 2006, las activistas colombianas comenzaron a enseñar a las mujeres de otros países a utilizar las excepciones permitidas por la ley.

“Nosotras aprendimos de Colombia”, dijo Giselle Carino, activista argentina del grupo Fòs Feminista.

Alrededor de 2016, las mujeres idearon una nueva estrategia, destinada a cambiar tanto el panorama jurídico como la opinión pública, con un fuerte componente de concientización pública.

Pero en Colombia, los fiscales seguían investigando a cientos de mujeres al año por abortar, mientras muchas seguían muriendo por procedimientos ilícitos.

Mientras las colombianas trabajaban, las feministas argentinas iniciaron una campaña para impulsar la legalización en el Congreso. Su esfuerzo incluyó a cientos de miles de mujeres que marcharon por las calles, unidas por un símbolo que podía identificarse con facilidad: una pañoleta verde.

Activistas por el derecho al aborto celebraban frente al Congreso de Argentina, en Buenos Aires, en diciembre de 2020.Credit…Sarah Pabst para The New York Times

El uso de las pañoletas se inspiró en una generación previa de mujeres activistas, llamadas las Madres de Plaza de Mayo, que portaban pañuelos blancos para protestar por el secuestro y asesinato de sus hijos por parte de la dictadura argentina.

“Parte de nuestra estrategia fue: ‘¿cómo cambiamos el término de la conversación en el país, cómo ponemos este tema en la agenda pública?’”, dijo Martínez Coral, una de las activistas colombianas. “Y esto es lo que aprendimos de las argentinas”.

A finales de 2019, el Congreso argentino legalizó el aborto y, dos meses después, justo cuando la pandemia iniciaba, nació la coalición Causa Justa en Colombia.

En esta ocasión, tenían campañas en Twitter, TikTok, Instagram y Facebook y organizaron marchas por todo el país. También contaban con una campaña de radio enfocada en áreas con conectividad limitada y una canción de reguetón que las mujeres cantaban en las calles.

Pidieron el apoyo de celebridades. De manera repentina, los funcionarios públicos se veían obligados a declarar su postura sobre el tema y las pañoletas verdes comenzaron a aparecer en cuellos, bicicletas y bolsas por todo Bogotá.

Entonces, en septiembre de 2020, un grupo de abogadas de Causa Justa —que se inspiró en las lecciones jurídicas de Canadá— envió una petición a la Corte Constitucional, en la que argumentaba que en la práctica, la existencia de una ley que criminaliza el aborto viola el “derecho fundamental” de la mujer a la interrupción voluntaria del embarazo bajo las excepciones establecidas en 2006.

El lunes, 5 magistrados votaron a favor y 4, en contra, con lo que despenalizaron el aborto hasta las 24 semanas.

Durante las últimas décadas, Oriéntame ha capacitado a miles de profesionales médicos en toda América Latina, muchos de quienes han replicado el modelo de la clínica en sus propios países. Villarreal murió en 2001.

Casi todas las activistas entrevistadas dijeron que Roe contra Wade había sido determinante para ellas, llevándolas a creer que el sistema legal podía usarse para ayudar a que las mujeres tengan un mayor control sobre sus vidas.

A muchas les cuesta entender por qué Estados Unidos parece estar moviéndose en la dirección opuesta.

“Esto es una batalla que nunca se gana del todo”, aconsejó Villarreal a sus compañeras del norte. “Nunca se puede bajar la guardia”.

Megan Janetsky colaboró en este reportaje.

Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a América del Sur, fue corresponsal de temas nacionales y cubrió el oeste de Estados Unidos.

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